lunes, 27 de octubre de 2014

EL MURO DE MELILLA ES EL NUEVO MURO DE BERLÍN QUE SEPARA DOS MUNDOS



-LOS MUROS NO PUEDEN PARAR LA HISTORIA DE LOS SERES HUMANOS

-LOS MUROS TERMINAN SIEMPRE POR CAER A MANOS DE LOS HOMBRES MISMOS.

Muchos hemos quedado impresionados en éstos días con la fotografía del reporter José Palazón que con su imagen es como si hubiera escrito todo un libro. La imagen a la que me refiero y que aparece encima de ésta reflexión es el Muro de Melilla en un día cualquiera.

En ella vemos un hermoso campo de golf con unos jugadores atentos a la pelota, relajados en medio de una alfombra de hierba verde y fresca practicando en sus horas libres su deporte favorito.

Nada de extraordinario ni de criticable, algo completamente normal en cualquier ciudad europea, y de hecho no critico a éstos jugadores- aunque en muchos periódicos las redes sociales se han calentado porque algunos en la ciudad de Melilla interpretaban la cosa como una crítica y como si alguien dijera que los melillenses no deben de jugar al golf. No se trata de eso.

Viendo a esos subsaharianos en la parte alta de la red que con sus ojos seguían el juego en ese que ellos consideran una especie de “tierra prometida” cuyos ciudadanos , felices y relajados, pueden dedicarse en sus momentos de ocio a tan agradable juego y que ellos han tenido que cruzarse andando todo el desierto del Sahara para asomarse a ésta realidad para ellos no alcanzable, uno no puede que constatar que los seres humanos hemos creado éstas barreras para que otros seres humanos no puedan marcharse, caso del Muro de Berlín, o que no puedan entrar, caso del Muro de Melilla o el que divide México de los Estados Unidos que cuando esté acabado medirá 1.200 kilómetros.

La visión de éstos muros provoca diversas sensaciones, hay quién encuentra que son muy justos y que están muy bien porque las fronteras existen, están ahí y hay que defenderlas para que no pase nadie.

Hay otros que piensan que esos muros, que en el caso de Melilla, no son como los antiguos fuertes medievales amurallados para evitar la invasión de ejércitos enemigos armados, sino para evitar que gente desarmada y a manos desnudas puedan pasar del Tercer mundo al Primer Mundo.

También sobre ésto hay diversidad de opiniones. Hay quién piensa que es un sacrosanto derecho del Primer Mundo evitar que venga nadie más de fuera para trabajar cuando ya hay poco trabajo para los de dentro.

La pegunta que viene espontánea es la de ¿Cuánto tiempo podrán durar éstos muros divisorios de dos partes del mundo?

Eterno parecía el Muro de Berlín y muchas personas murieron en el intento de atravesarlo. Le llamaban la Cortina de Acero. Ese muro dividía la Europa Capitalista de la Europa Comunista.

Cuando en 1980 unos obreros de los astilleros polacos en la ciudad de Gdansk comenzaron con su huelga ilegal y no autorizada, nadie hubiéramos podido pensar que en 1989 se disolvería la Unión Soviética y que el Muro de Berlín, aquella cortina de acero, sería derribada por los ciudadanos.

La moraleja es que los muros no pueden parar a la historia de los hombres porque son los hombres mismos son los constructores de la historia.

La Europa del bienestar cada día carece más de riqueza humana, la mayoría de obreros son extranjeros porque los españoles o son viejos o están en el paro porque hay ciertos trabajos que prefieren no hacer y que de niños nacen siempre menos.

La Europa del bienestar dentro de poco será una Europa de abueletes y para pagar las pensiones será necesario que trabajen esos que ahora están en cima del muro de Melilla.

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